martes, 2 de septiembre de 2014

La carta XX de Feijoo y la figura del vampiro

En esta entrada vamos a hablar sobre Benito Jerónimo Feijoo (1676 – 1764) y sus Cartas eruditas y curiosas. En concreto vamos a centrarnos en la carta XX, sobre todo por algunos elementos tan atípicos si tenemos en cuenta que nos encontramos en la Ilustración, época de la razón y la ciencia. Me refiero a la referencia a la existencia de vampiros. Si bien Feijjoo pertenece a la primera etapa o a la pre-ilustración en España donde llegó de forma más tardía que al resto de Europa, en su literatura se aprecia un afán divulgador de los errores y prejuicios de la opinión vulgar, y sobre todo un intento por desterrar esas falsas creencias.

En esta carta Feijoo hace una serie de reflexiones sobre dos disertaciones sobre seres naturales, entre los que incluyen los vampiros. A lo largo de la carta Feijoo va exponiendo una serie de argumentos con el fin de poner fin a la controversia referente a la existencia de este tipo de seres. Esto es algo que caracteriza sin lugar a dudas el periodo de la Ilustración el alumbrar las sombras por medio de la razón que desvela todos los misterios.

Lo cierto es que la figura del vampiro de la que nos habla Feijoo se  aleja bastante de la imagen mental que tenemos en la actualidad, más cercana a la figura de Drácula de Stoker. Según Feijoo, los vampiros no son sino una epidemia de ignorancia, histeria y supersticion, producto de la imaginación popular y que amenaza con desbancar el discurso racionalista de la Ilustración.También guardan algún parecido con el vampiro moderno, a quienes describe como ‘muertos a medias que chupan la sangre’. Stoker nos presenta un vampiro con una personalidad definida, mientras que Feijoo trata a los vampiros como un fenómeno creación de las mentes de los ignorantes. 



Aunque Feijoo concluye de forma tajante diciendo que ‘lo que se dice de Vampiros, Brucolacos, y Excomulgados todos los tengo por unos; conviene a saber, que todo es patraña, ilusión, y quimera’, la carta XX de Feijoo consigue aunar la superstición y la razón en un mismo discurso.

La carta XX de Feijoo y la figura del vampiro

En esta entrada vamos a hablar sobre Benito Jerónimo Feijoo (1676 – 1764) y sus Cartas eruditas y curiosas. En concreto vamos a centrarnos en la carta XX, sobre todo por algunos elementos tan atípicos si tenemos en cuenta que nos encontramos en la Ilustración, época de la razón y la ciencia. Me refiero a la referencia a la existencia de vampiros. Si bien Feijjoo pertenece a la primera etapa o a la pre-ilustración en España donde llegó de forma más tardía que al resto de Europa, en su literatura se aprecia un afán divulgador de los errores y prejuicios de la opinión vulgar, y sobre todo un intento por desterrar esas falsas creencias.

En esta carta Feijoo hace una serie de reflexiones sobre dos disertaciones sobre seres naturales, entre los que incluyen los vampiros. A lo largo de la carta Feijoo va exponiendo una serie de argumentos con el fin de poner fin a la controversia referente a la existencia de este tipo de seres. Esto es algo que caracteriza sin lugar a dudas el periodo de la Ilustración el alumbrar las sombras por medio de la razón que desvela todos los misterios.

Lo cierto es que la figura del vampiro de la que nos habla Feijoo se  aleja bastante de la imagen mental que tenemos en la actualidad, más cercana a la figura de Drácula de Stoker. Según Feijoo, los vampiros no son sino una epidemia de ignorancia, histeria y supersticion, producto de la imaginación popular y que amenaza con desbancar el discurso racionalista de la Ilustración.También guardan algún parecido con el vampiro moderno, a quienes describe como ‘muertos a medias que chupan la sangre’. Stoker nos presenta un vampiro con una personalidad definida, mientras que Feijoo trata a los vampiros como un fenómeno creación de las mentes de los ignorantes. 



Aunque Feijoo concluye de forma tajante diciendo que ‘lo que se dice de Vampiros, Brucolacos, y Excomulgados todos los tengo por unos; conviene a saber, que todo es patraña, ilusión, y quimera’, la carta XX de Feijoo consigue aunar la superstición y la razón en un mismo discurso.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Límites cronológicos y problemas de periodización en la literatura del siglo XVIII

A la hora de establecer una cronología en el estudio de la historia de la literatura nos enfrentamos a dos graves problemas:

1. Donde establecer los límites de la división cronológica.


2. La periodización que puede realizarse dentro de estos

De forma convencional, esta clasificación cronológica se ha realizado por medio de la división en siglos. Se escoge un evento importante y a partir de ahí se empieza a contar. Sin embargo este método se ha demostrado ineficaz a la hora de abarcar los distintos movimientos del periodo, ya que los límites temporales suelen ser muy imprecisos. Por ello, resulta razonable optar por una serie de criterios flexibles que se adecuen a la realidad.

En el caso de la literatura del siglo XVIII, el año 1700 es especialmente significativo por la muerte Carlos II, aunque no sea tal caso el del año 1800. Este periodo se conoce como Ilustración. Este movimiento se extiende más allá de esto límites temporales, siendo apreciables rasgos antes del siglo XVIII y después de 1800. Esta periodización solo contribuye a crear una falsa realidad de la literatura de esta época.

Se suele emplear como momento de inicio del siglo XVIII literario español, la implantación de la dinastía borbónica. En este periodo se incluye el final de la era barroca y el desarrollo de su sucesora, el Neoclasicismo. El final de este periodo se suele fechar en 1808, con la Guerra de la Independencia, fecha para la cual el Romanticismo ya había sustituido al Neoclasicismo como movimiento dominante.

Dentro de esta época del siglo XVIII, resulta igualmente difícil establecer periodos diferenciados de forma clara, es por ello por lo que se recurre a nombre como Generación del 27, Barroco, Renacimiento… términos tomados de la historia, el arte u otros campos. En literatura, no podemos emplear la periodización en generaciones, ya que en cada periodo conviven distintas generaciones sería imprudente señalar a uno como principal.

Por eso, la literatura debe intentar periodizar sobre la base de rasgos específicos de la literatura, como la concepción estética del momento histórico, más allá de que podamos aprovechar la terminología empleada en otros campos. Se suelen emplear denominaciones como Pos-barroco, Rococó, Neoclasicismo, Ilustración, Prerromanticismo, cada una de ellas con sus propias connotaciones.

A modo de resumen, según Jesus Caña Murillo, la cronología y periodización en el siglo XVIII quedaría de la siguiente forma: 


1. Existe una gran etapa general, la Ilustración, que se inicia con el asentamiento de la dinastía borbónica y concluye con el inicio de la Guerra de la Independencia en 1808.

2. Dentro de este espacio temporal, se encuentra el movimiento estético del Neoclasicismo, desde el cual surgen y se desarrollan los distintos géneros literarios.


Para más información acuda al artículo de Jesús Cañas en este enlace:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/sobre-el-posbarroquismo-y-prerromanticismo-en-la-literatura-espanola-del-siglo-xviii-de-periodizacion-y-cronologia-en-la-epoca-de-la-ilustracion/html/



Límites cronológicos y problemas de periodización en la literatura del siglo XVIII

A la hora de establecer una cronología en el estudio de la historia de la literatura nos enfrentamos a dos graves problemas:

1. Donde establecer los límites de la división cronológica.


2. La periodización que puede realizarse dentro de estos

De forma convencional, esta clasificación cronológica se ha realizado por medio de la división en siglos. Se escoge un evento importante y a partir de ahí se empieza a contar. Sin embargo este método se ha demostrado ineficaz a la hora de abarcar los distintos movimientos del periodo, ya que los límites temporales suelen ser muy imprecisos. Por ello, resulta razonable optar por una serie de criterios flexibles que se adecuen a la realidad.

En el caso de la literatura del siglo XVIII, el año 1700 es especialmente significativo por la muerte Carlos II, aunque no sea tal caso el del año 1800. Este periodo se conoce como Ilustración. Este movimiento se extiende más allá de esto límites temporales, siendo apreciables rasgos antes del siglo XVIII y después de 1800. Esta periodización solo contribuye a crear una falsa realidad de la literatura de esta época.

Se suele emplear como momento de inicio del siglo XVIII literario español, la implantación de la dinastía borbónica. En este periodo se incluye el final de la era barroca y el desarrollo de su sucesora, el Neoclasicismo. El final de este periodo se suele fechar en 1808, con la Guerra de la Independencia, fecha para la cual el Romanticismo ya había sustituido al Neoclasicismo como movimiento dominante.

Dentro de esta época del siglo XVIII, resulta igualmente difícil establecer periodos diferenciados de forma clara, es por ello por lo que se recurre a nombre como Generación del 27, Barroco, Renacimiento… términos tomados de la historia, el arte u otros campos. En literatura, no podemos emplear la periodización en generaciones, ya que en cada periodo conviven distintas generaciones sería imprudente señalar a uno como principal.

Por eso, la literatura debe intentar periodizar sobre la base de rasgos específicos de la literatura, como la concepción estética del momento histórico, más allá de que podamos aprovechar la terminología empleada en otros campos. Se suelen emplear denominaciones como Pos-barroco, Rococó, Neoclasicismo, Ilustración, Prerromanticismo, cada una de ellas con sus propias connotaciones.

A modo de resumen, según Jesus Caña Murillo, la cronología y periodización en el siglo XVIII quedaría de la siguiente forma: 


1. Existe una gran etapa general, la Ilustración, que se inicia con el asentamiento de la dinastía borbónica y concluye con el inicio de la Guerra de la Independencia en 1808.

2. Dentro de este espacio temporal, se encuentra el movimiento estético del Neoclasicismo, desde el cual surgen y se desarrollan los distintos géneros literarios.


Para más información acuda al artículo de Jesús Cañas en este enlace:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/sobre-el-posbarroquismo-y-prerromanticismo-en-la-literatura-espanola-del-siglo-xviii-de-periodizacion-y-cronologia-en-la-epoca-de-la-ilustracion/html/



Elementos sobrenaturales y superstición en la literatura del siglo XVIII

La Ilustración es un periodo dominado por el racionalismo, la ciencia, la experiencia etc. que cortó prácticamente cualquier posibilidad de imaginación y fantasía. Esto explica la casi ausencia de material literario que contenga algún tema relacionado con la fantasía. Probablemente, el mejor ejemplo es el Tomo IV de las Cartas eruditas y curiosas de Benito Jerónimo Feijoo, en la carta numero XX, en la que se hace referencia a la existencia de espíritus y vampiros. Resulta llamativo este ensayo en plena efervescencia de la Ilustración. Otra obra relacionada con la superstición y la adivinación es un escrito de Diego de Torres Villarroel Calamidades de Francia pronosticadas por el Dr. D. Diego de Torres, en la que en una décima se predice la Revolución francesa y se anuncia la caída de la monarquía francesa. Los versos dicen así:

Cuando los mil contarás
con los trescientos doblados
y cincuenta duplicados,
con los nueve dieces más,
entonces tú lo verás,
mísera Francia, te espera
tu calamidad postrera
con tu rey y tu delfín,
y tendrá entonces su fin
tu mayor gloria primera.


La astrología y la adivinación no son sino una muestra más de que las supersticiones seguían muy vivas aún en el siglo de las luces. Para evitar el descrédito de escribir literatura de adivinaciones, Villarroel decide escribir bajo el seudónimo del Piscatore de Salamanca. Esto da buena muestra que la ideología dominante no era otra que el racionalismo. Otra obra en la que podemos encontrar algunos elementos relacionados con la fantasía, la imaginación etc. es el poema de Juan Meléndez Valdés Elegía Moral a Jovino el Melancólico. Los siguientes versos podemos ver algunos de estos elementos:

En él su hórrido trono alzó la oscura 
melancolía, y su mansión hicieran 

las penas veladoras, los gemidos, 
la agonía, el pesar, la queja amarga, 
y cuanto monstruo en su delirio infausto 
la azorada razón abortar puede. 
(...) 
¡Ay! ¡si me vieses ¡ay! en las tinieblas
con fugaz planta discurrir perdido, 
bañado en sudor frío, de mí propio 
huyendo, y de fantasmas mil cercado!





Estos versos bien podrían ser representados por el grabado de Goya El sueño de la razón produce monstruos. El poeta expresa de forma exagera sus sentimientos, los tonos tristes y sombríos se extienden por todo el poema y se puede apreciar algunos antecedentes del romanticismo como la referencia a criaturas fantásticas como monstruos y espíritus o la idea de la razón cegada por los sentimientos y el sentimiento de huida. Hay quien dice que se trata de poesía Prerromántica. Ya que el racionalismo aboga por alcanzar la razón mediante los sentidos, el poeta debe buscar un equilibrio entre la sensibilidad y la racionalidad. Como reza en el grabado El sueño de la razón produce monstruos, es decir cuando la razón está ausente, las fuerzas de la irracionalidad y la ignorancia toman el control, una idea puramente ilustrada.


Elementos sobrenaturales y superstición en la literatura del siglo XVIII

La Ilustración es un periodo dominado por el racionalismo, la ciencia, la experiencia etc. que cortó prácticamente cualquier posibilidad de imaginación y fantasía. Esto explica la casi ausencia de material literario que contenga algún tema relacionado con la fantasía. Probablemente, el mejor ejemplo es el Tomo IV de las Cartas eruditas y curiosas de Benito Jerónimo Feijoo, en la carta numero XX, en la que se hace referencia a la existencia de espíritus y vampiros. Resulta llamativo este ensayo en plena efervescencia de la Ilustración. Otra obra relacionada con la superstición y la adivinación es un escrito de Diego de Torres Villarroel Calamidades de Francia pronosticadas por el Dr. D. Diego de Torres, en la que en una décima se predice la Revolución francesa y se anuncia la caída de la monarquía francesa. Los versos dicen así:

Cuando los mil contarás
con los trescientos doblados
y cincuenta duplicados,
con los nueve dieces más,
entonces tú lo verás,
mísera Francia, te espera
tu calamidad postrera
con tu rey y tu delfín,
y tendrá entonces su fin
tu mayor gloria primera.


La astrología y la adivinación no son sino una muestra más de que las supersticiones seguían muy vivas aún en el siglo de las luces. Para evitar el descrédito de escribir literatura de adivinaciones, Villarroel decide escribir bajo el seudónimo del Piscatore de Salamanca. Esto da buena muestra que la ideología dominante no era otra que el racionalismo. Otra obra en la que podemos encontrar algunos elementos relacionados con la fantasía, la imaginación etc. es el poema de Juan Meléndez Valdés Elegía Moral a Jovino el Melancólico. Los siguientes versos podemos ver algunos de estos elementos:

En él su hórrido trono alzó la oscura 
melancolía, y su mansión hicieran 

las penas veladoras, los gemidos, 
la agonía, el pesar, la queja amarga, 
y cuanto monstruo en su delirio infausto 
la azorada razón abortar puede. 
(...) 
¡Ay! ¡si me vieses ¡ay! en las tinieblas
con fugaz planta discurrir perdido, 
bañado en sudor frío, de mí propio 
huyendo, y de fantasmas mil cercado!





Estos versos bien podrían ser representados por el grabado de Goya El sueño de la razón produce monstruos. El poeta expresa de forma exagera sus sentimientos, los tonos tristes y sombríos se extienden por todo el poema y se puede apreciar algunos antecedentes del romanticismo como la referencia a criaturas fantásticas como monstruos y espíritus o la idea de la razón cegada por los sentimientos y el sentimiento de huida. Hay quien dice que se trata de poesía Prerromántica. Ya que el racionalismo aboga por alcanzar la razón mediante los sentidos, el poeta debe buscar un equilibrio entre la sensibilidad y la racionalidad. Como reza en el grabado El sueño de la razón produce monstruos, es decir cuando la razón está ausente, las fuerzas de la irracionalidad y la ignorancia toman el control, una idea puramente ilustrada.


jueves, 19 de junio de 2014

Comentario de La Regenta: entre Realismo y Naturalismo.

En esta última entrada, realizaré un comentario filológico sobre un fragmento de la obra La Regenta(1884), concretamente, nos referiremos a un extracto del capítulo XVI.

Por medio del estudio sosegado del fragmento señalado que va desde «El jueves Santo llegó con una noticia que había de hacer época en los anales de Vetusta », hasta «Una hora antes de obscurecer salió la procesión del Entierro de la iglesia de San Isidro», podemos encuadrar este texto en el movimiento literario al que pertenece.


Así, a la hora de adscribir La Regenta a un movimiento literario concreto, nos vemos obligados a matizar que, o bien es realista con gran influencia de lo naturalista, o naturalista con grandes rasgos realistas.

Sin embargo, optaremos por considerarla una obra realista con elementos claramente naturalistas, que sin duda recorrieron el mundo cultural hispánico aunque este movimiento no gozará de gran predicamento en España.

 La narración es eminentemente realista, pues se trata en esta de representar la realidad como si de un espejo se tratara, aspirando a la mayor objetividad posible. Así, el texto es un documento vivo de la sociedad burguesa de la época, cuestión que en adelante también trataremos.

La elección de un narrador heterodiegético, en 3ª persona, omnisciente y que nos cuenta la historia desde un punto de vista extradiegético nos enfrenta narratológicamente al prototípico narrador realista, que busca la explicación total del mundo; no excluyendo ni lo sublime ni lo grotesco, que se mezclarán en la narración.  

El estilo va a ayudar a la consecución de la sensación de conocimiento total por parte del autor, que nos va a presentar la historia como un todo, si bien en ocasiones pondrá el foco en un personaje concreto, como hará, por ejemplo, en este fragmento con el personaje de Ana Ozores, recurriendo a veces al recurso del estilo indirecto libre para transmitir los pensamientos de la misma.

Tanto el tema como su tratamiento son de índole claramente realista, ya que encontramos que es una literatura para las clases medias burguesas de finales del siglo XIX, que va a reflejar sus problemas y motivaciones. Además, el tema se trata desde la contemporaneidad, ya que la Vetusta que se narra es la de los lectores coetáneos al surgimiento de la obra.

Para acrecentar esta sensación de simultaneidad y aportar a su vez verosimilitud a la obra, se recurrirá a situar espaciotemporalmente la obra (Semana Santa vetustense). Además, se procede a describir con todo lujo de detalles los usos sociales propios de los pasos procesionales de Vetusta, e incluso se contrastan con los de otras zonas de la península, en concreto de Zaragoza.

La visión del autor de esta burguesía acomodada y aristócrata no parece ser precisamente positiva, sino que más bien se trata de una crítica directa a “la ciudad que duerme”, a los sistemas que mantienen el orden establecido y no se abren a la modernidad que poco a poco se va implantando en la sociedad española.

A la hora de intentar vislumbrar las intenciones del autor no se puede olvidar que Leopoldo Alas era un intelectual y librepensador influido fuertemente por todas las corrientes filosóficas europeas, y que va a alejarse de los dogmatismos e hipocresía de la clase dominante española.

Eso es precisamente lo que critica en la obra, y se puede apreciar especialmente en este fragmento, en el que la falsa religiosidad es el principal tema. Nos encontramos en un momento clave de la obra, justo cuando Ana Ozores se dispone a hacer el último acto de redención cristiana para con su padre espiritual, Fermín de Pas, que más parece para el lector un gesto de fidelidad al Magistral que un acto de verdadera piedad religiosa.

La sociedad vetustense, falsamente cristiana, se encuentra conmocionada ante la decisión de la Regenta de procesionar descalza el jueves santo. Tanto Obdulia como Visitación se muestran conmocionadas, escandalizadas, y la primera casi envidiosa por el papel protagonista que tomará Ana, y mostrarán una vez más su hipocresía  prestando más atención a la ropa que esta llevará que a las razones de la penitencia, que por supuesto serán vistas por ellas como una mala influencia de Don Fermín de Pas.

Aunque podríamos seguir desmenuzando los diferentes elementos que nos dan muestra de lo realista del texto, debido a que tenemos un espacio limitado, pasaremos a detallar qué encontramos del naturalismo en la obra.

Obviamente, la obra presenta influjos naturalistas, pues no hay que olvidar que Clarín fue un crítico literario además de escritor, y que estaba al tanto de las novedades literarias en la vecina Francia. A diferencia de otros escritores de la época, posiblemente haría una lectura del naturalismo francés más profunda de lo que se cree, y lo adaptaría a la realidad española con unos rasgos propios que incluyó en su obra. 

Así, en ocasiones nos encontramos con ambientes degradados, que muestran lo más bajo del ser humano (como puede ser el ambiente hipócrita de los salones vetustenses). Además, encontramos que, según la lectura que hagamos de la obra, el principal presupuesto del naturalismo se cumplirá en La Regenta, y es el de que  el ser humano se ve influido y abocado al fracaso por su herencia biológica y por el medio en el que vive.

Así, encontramos que en los momentos clave Ana pierde su religiosidad recordando las ideas de su padre (un liberal), y finalmente terminará la Regenta en caer en el pecado del adulterio, o como apuntaba en mi anterior entrada, a vivir la sexualidad humana, volviéndose “como todas”, colaborando de esa sociedad vetustense corrupta e hipócrita, que tira con desprecio la manzana que acaba de morder.

Para ampliar información sobre la influencia del naturalismo en La Regenta recomiendo el siguiente trabajo de Diego Martínez Torrón.