Cuando nos disponemos a leer o ver representada la conocida
obra de José Zorrilla, Don Juan Tenorio, las referencias a otros
textos y productos culturales se hacen imposibles de eludir, ya que este
arquetipo literario hace años que saltó de las páginas de los libros para
convertirse en un mito que se reinterpreta una y otra vez, resurgiendo con
nueva fuerza en diferentes productos culturales.
Hoy en día seguimos encontrando "donjuanes" en
nuestras ficciones televisivas y obras literarias. Es este un tipo literario
que vuelve con bastante asiduidad, y más aún a nuestra literatura hispánica,
que parece tenerle especial cariño. Así, el personaje mujeriego, descreído y
bravucón que no teme a nada y que termina redimiéndose por el amor de una mujer
no nos resulta para nada desconocido, ya nos lo hayan presentado por medio del
teatro, la narrativa, o incluso la televisión.
Tan solo centrándonos en las referencias literarias más
brillantes que recogieron este mito, podemos encontrar dos obras de nuestra
tradición literaria harto conocidas: El Burlador de Sevilla -de
Tirso de Molina o de Andrés de Claramonte- y Don Juan Tenorio de
Zorrilla. Ambas, aunque tienen concomitancias que las relacionan de una forma
irrevocable, van a dejar patente un sistema cultural totalmente diferente que
provoca que la resolución del argumento difiera en gran manera, pues no
olvidemos que la obra literaria, además del goce estético que pueda provocar,
es reflejo de un momento histórico y de un sistema de valores, individual o
colectivo.
Mientras que en El burlador de Sevilla el
impío Don Juan será castigado ante la ley de Dios por sus pecados,
representando así la moral clásica cristiana, en la que el acérrimo pecador
recibe su justo castigo en el juicio final; en el Don Juan Tenorio de
Zorrilla, el personaje, igual de calavera y seductor, se salvará por el amor
que Doña Inés le profesa, y que será suficiente para redimir una vida
licenciosa y llena de pecados.
El cambio ocurrido en el final nos da una muestra de cómo la
sociedad romántica cambia los ejes sustentadores de la misma, y poco a poco
comienza, levemente, a alejarse del dogma cristiano para dejar paso a nuevas
realidades, en las que la justicia divina se ablanda ante el hombre. Es Don
Juan un buen ejemplo del héroe romántico, canalla, misterioso y seductor, que
sin duda va a tener el beneplácito del público, y casi podríamos decir que de
los dioses.
José de Zorrilla, al contrario que su precursor, Tirso de
Molina o Andrés de Claramonte, considera que no son tantos los pecados de Don
Juan como para cerrarle las puertas del cielo a él y una pobre enamorada. En la
misma situación, dos siglos atrás, no se había dudado en condenar al fuego
eterno a los enamorados. Este hecho es una muestra de cómo en el sistema de
valores romántico, el amor y la sensibilidad cobrarán una importancia que antes
no tenían, y que va a ir aumentando hasta la época contemporánea, que llevará
a nuestros autores a justificarlo todo por amor.
Podemos afirmar que el público así quería al Don Juan porque
hay testimonios de la época que señalan que los espectadores buscaban en esta
representación a un Don Juan canalla, pendenciero y seductor, y rechazaron con
desprecio todo intento moralista de edulcoración del personaje. Por otro lado,
si una característica del Don Juan ha trascendido a sus consiguientes retoños
ha sido la de la posibilidad de redención a través del amor de una mujer pura y
noble, que muere a causa de la pasión insatisfecha por el bravucón
protagonista, que queda prendado de la misma. Esta quizás sea la idea más
desarrollada en los siglos XX y XXI de los nuevos don juanes, que a su vez se
encontrarán con mujeres que los harán cambiar de vida.
Parece que el mito de Don Juan nos acompañará largo tiempo
aún, y que la forma en que se represente y en que lo releamos nos identifica
como sujetos sociales, pues parece claro que desde nuestra perspectiva actual,
este pendenciero que ante nada se amedrenta y que subvierte todas las normas,
morales y sociales, nos cae cada día mejor.
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Don Juanes a lo largo de la historia. A la izq. (Don Juan Tenorio y El burlador de Sevilla, mitos clásicos). A la der. ( James Bond y Brian Kinney, reinterpretaciones actuales). |
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