Si
por algo se puede caracterizar toda la obra literaria de Feijoo, este “novator”
y ensayista que previó y adelantó el trabajo de los ilustrados del siglo XVIII,
es por la continua preocupación por cribar el conocimiento heredado, eliminando
supersticiones y terrores infundados.
Siguiendo
un análisis claro y minucioso, casi científico, pasa a tratar los dos temas que
le ocupan, el de las apariciones de ángeles y demonios, y el de la existencia
de “redivivos”. Así, se basa en el libro del monje benedictino Agustín Claret
que según se nos señala ha sido entregado por el destinatario a Feijoo para
tomar diversos ejemplos y sacar sus propias conclusiones. En la exposición de
sus ideas sigue un orden muy claro, organizando las ideas por puntos, y
siguiendo un método deductivo, esto es, partiendo de reglas generales para
ahondar en las particulares y finalmente establecer conclusiones.
Cabe
destacar que su tesis principal es que si bien se suceden hechos sobrenaturales
como los que se tratan, son estos una minoría comparada con los creados por la
inventiva humana. Siguiendo esta tesis, va a proceder a presentar una serie de
ejemplos de apariciones muy diversas a las que de una manera u otra va a
desestimar, utilizando para ello el raciocinio, si bien cabe destacar que este
raciocinio en ningún momento cuestiona los dogmas cristianos, sino que estos
aparecen como una verdad incuestionable, por encima de todo, y que en ocasiones
se van a utilizar como razones para
desestimar ciertos cuentos y creencias populares.
Entre
los casos de los que nos habla, encontramos el referido a los redivivos, seres “ya
verdaderos, ya fingidos, esto es, o resucitados milagrosamente”. Entendemos que
estos seres poblaban las mentes supersticiosas del pueblo español y europeo,
que se repiten en diferentes culturas por todo el orbe. Podemos observar la
creencia en la aparición de seres de ultratumba como los redivivos en obras
románticas como “El aparecido”, cuento romántico aquí reseñado, o “La dama
pálida” de Alexandre Dumas.
No
obstante, Feijoo dejará claro que es para él una superstición infundada, y para
refutarla se servirá de argumentos, unos más adecuados y otros que ante
nuestros ojos resultan totalmente fuera de lugar.
En
este caso, va a realizar una crítica de diferentes aspectos de estas historias
que le van a restar credibilidad y verosimilitud, como es la ambigüedad
con la que se explican los escritos en
los que de vampiros se habla, la aparición de unos resucitados “in ordine ad
malum”, lo cual también va en contra de los dogmas cristianos, y la certeza de
que estas resurrecciones que se narran son imperfectas, pues es inverosímil la
forma en que salen de la tumba, alternando dos estados, el de los vivos y el de
los muertos.
Entre
los argumentos más inadecuados que Feijoo va a utilizar se encuentra uno que
destaca por su etnocentrismo y xenofobia, que a su vez son rasgos lógicos para
un hombre de su época. Feijoo achaca como una de las razones por las que no se
debe creer en brucolacos y otros vampiros es porque la mayoría de las
apariciones habían sido en países del este de Europa como Hungría y Rumanía,
Para él estos pueblos son inferiores mentalmente, y por ello creen en cuentos
de vieja.
Feijoo
no da creencia alguna al vampirismo, el cual considera fruto de la inventiva de
algunos y de la fácil propagación del miedo entre la población. Para apoyar su
presupuesto cuenta la historia de Tournefort, occidental que vive de cerca la
fiebre de los vampiros y que no le da credibilidad alguna. Los brucolacos son
según el autor seres también creados por la inventiva, pero en este caso de los
griegos, con características iguales a las de los vampiros. Así, se señala
también que es motivo de denuesto cómo el pueblo griego tras la invasión
otomana ha perdido su razón, dejando atrás todo su pasado filosófico.
Definitivamente,
la fantasía y la superstición serán uno de los temas que más preocupe a Benito
Jerónimo Feijoo, y por tanto se verán reflejados en su obra, aunque en este
caso sea con el objetivo de eliminarlos del pensamiento ilustrado, para acabar
con esas sombras de la mente humana alumbrándolas con la luz de la razón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario